Sensor humedad suelo agricultura

Sensor de humedad de suelo: cuándo y cómo usarlo para regar exactamente lo necesario

Hay un mito extendido en la agricultura que dice que un suelo mojado es un suelo bien
regado. No es así. Un suelo mojado en exceso es un suelo con agua en los macroporos
donde el oxígeno no llega a las raíces, generando asfixia radicular. Y un suelo que parece
húmedo en superficie puede estar seco a 40 centímetros de profundidad, donde están la
mayoría de las raíces absorbentes del palto o del cerezo.


El sensor de humedad de suelo —también llamado sonda de humedad, tensiómetro o
sensor volumétrico, dependiendo de la tecnología— mide exactamente lo que el ojo no
puede ver: cuánta agua disponible hay en el suelo a la profundidad donde están las raíces.
Combinado con la estación meteorológica agrícola que mide la demanda hídrica de la
atmósfera, esos dos datos juntos permiten diseñar el sistema de riego más preciso posible:
regar cuando el suelo lo necesita, en la cantidad que la evapotranspiración define, sin
exceso ni déficit.


Los meteorólogos expertos de Globalmet integran los datos del sensor de humedad de
suelo con los de la estación agrometeorológica del predio para construir el balance hídrico
diario del cultivo. El balance compara la demanda hídrica (evapotranspiración calculada)
con la oferta disponible (agua en el suelo medida por el sensor más las precipitaciones
registradas). Cuando el balance indica déficit, el sistema emite la recomendación de riego
con la lámina exacta necesaria.


El efecto sobre el consumo hídrico es consistente y documentado. Productores de palto en
la región de Coquimbo que instalaron sensores de humedad de suelo combinados con la
estación meteorológica de Globalmet redujeron su consumo mensual de agua en promedio
entre un 20% y un 35%, sin afectar el rendimiento productivo. En algunos casos, la
reducción de consumo superó el 50% en meses de menor demanda hídrica, donde el riego
por calendario seguía aplicando láminas pensadas para el mes de mayor demanda.


El sensor de humedad también permite detectar con precisión los efectos de la lluvia en el
perfil de suelo. Una lluvia de 25 mm no moja el suelo igual en todos los suelos ni en todas
las profundidades. El sensor entrega el dato real de cuánta agua llegó a la zona radicular,
permitiendo definir si el riego del día siguiente es necesario o puede posponerse.


En un año de sequía, cada metro cúbico de agua ahorrado es caja. En un año normal, cada
litro de riego evitado es energía de bombeo que no se gasta. En todos los años, un cultivo
sin estrés hídrico produce fruta de mejor calibre y calidad que uno sometido a ciclos de
sobre y sub riego.


El sensor de humedad de suelo no reemplaza al agricultor. Le da la información que sus
ojos no pueden tener sobre lo que ocurre debajo de la superficie.

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